Biografía

La obra de Nadia Barkate se sitúa en un territorio donde gesto, forma y escritura visual coexisten en un estado de indeterminación sostenida. Su práctica parece surgir del impulso de traducir la experiencia cotidiana subjetiva –pensada como un flujo perceptivo continuo entre el mundo interior y la realidad exterior–, dando lugar a lo que la artista describe como “una amalgama espesa de imágenes que imponen un tiempo propio y muy resistente, que desea ser descifrado pero no interpretado”. En este espacio intermedio se articula una estética del desajuste donde la imagen se mantiene deliberadamente al borde de su propia coherencia.

 

Barkate realiza una inversión poco habitual en la que transforma lo perturbador en seductor, y lo seductor en inquietante, donde sus figuras se presentan inicialmente con una apariencia fluida, amable y de colores suaves, progresivamente revelando zonas de ambigüedad, deseo e incomodidad, evocando fragmentos de corporalidades disueltas en formas que oscilan entre lo orgánico y lo informe, lo humano y lo animal, la atracción y el rechazo. Esta ambigüedad produce un reconocimiento fallido que retiene la mirada; la seducción nace del desajuste, y el desajuste del roce con un umbral próximo a una especie de horror poético.

 

En la serie Tuya gigante, tuya occidental (2018-2023), hecha en acuarela, Barkate registra un momento previo al gesto intencional, donde el movimiento consciente e involuntario de las manos durante la concentración en el estudio inscriben una suspensión; formas que emergen y se disuelven simultáneamente, construyendo un relato velado donde lo autobiográfico se mezcla con lo mítico.

 

En sus aerografías (2022-2026), los trazos evidencian la fragilidad del equilibrio entre control y error. La artista lo ha formulado así: "En algún momento, me di cuenta de que salvar ciertas dificultades se convertía en una pirueta a veces torpe, y otras veces lo bastante peligrosa como para impresionar". Esta confianza en el error productivo, en la actitud que bordea el fracaso, mantiene sus formas en un estado de tensión poética. Hay en estos trabajos un temblor que es ritmo, vibración e inmediatez; la línea duda, el cuerpo se disloca, el espacio nunca termina de fijarse, y la belleza que emerge no se apoya en la corrección formal, sino en el riesgo.

 

Su aproximación al gesto encuentra un precedente conceptual en las exploraciones de Henri Michaux sobre la escritura visual como registro de estados de tránsito de la subjetividad. Tanto Michaux como Barkate entienden el dibujo como una forma de inscripción de procesos mentales y corporales que escapan a la representación convencional; ambos operan en el umbral donde la imagen oscila entre legibilidad y opacidad. Sin embargo, sus puntos de partida difieren en que mientras Michaux trabajaba desde la alteración química de la percepción y concebía sus trazos como ideogramas y sistemas autónomos de signos desprendidos de lo cotidiano, Barkate parte de la materialidad inmediata de la experiencia y de la atención sostenida durante el acto de dibujar. En su caso, la forma emerge y se disuelve sin abandonar el anclaje en lo vivido, en la fragilidad del registro manual y en la temporalidad del estudio.

 

La incomodidad visual que atraviesa su obra puede entenderse, pensando en Sara Ahmed, como una operación ética que altera la norma y desestabiliza las expectativas, transformando la extrañeza en una herramienta crítica que activa la mirada. En la obra de Nadia las figuras dislocadas suscitan un estado de consciencia continua del que surge una belleza compleja e intensificada que no se termina de resolver. Hay en sus formas una cualidad onírica y delicada, un cromatismo sutil y una fluidez que sostienen la percepción incluso, o especialmente, cuando vacila. La seducción de su obra no radica en la resolución de la tensión, sino en la capacidad de hacerla habitable sin que se debilite, construyendo una armonía que no necesita de lo convencional para conmover.

 

Nadia Barkate ha desarrollado una trayectoria sostenida que articula práctica artística, investigación y pedagogía. Obtuvo su doctorado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco (2022) y ha presentado exposiciones individuales en instituciones como Artium Museoa (Vitoria-Gasteiz, 2021), TACA (Palma de Mallorca, 2022) y CAT Showcase (Berlín, 2023). Ha participado en exposiciones colectivas en espacios como Tabakalera (Donostia), Museo de Bellas Artes de Bilbao, La Casa Encendida (Madrid), Westfälischer Kunstverein (Münster) y Studio D (Londres). Su obra forma parte de colecciones públicas como las del Museo de Bellas Artes de Bilbao, Artium Museoa y la Colección Compartida del Gobierno Vasco. Ha recibido el Premio Gure Artea a la Actividad Artística (2023), el Premio Egile de la Diputación Foral de Gipuzkoa (2022) y el Premio Estampa de la Colección Candela Soldevilla (2021), entre otros reconocimientos. En 2026, presentará proyectos individuales en Raccoon Projects (Barcelona) y el Centro de Arte Dos de Mayo CA2M (Móstoles). Vive y trabaja en Donostia, San Sebastián.