Biografía

La práctica de Jacobo Castellano se construye a partir de una relación directa, física y expuesta con los materiales. Su trabajo se despliega principalmente en el ámbito de la escultura y la pintura, entendidas como territorios vinculados donde la materia es puesta a prueba y llevada a sus límites estructurales, formales y simbólicos.

 

En sus obras, materiales como madera, papel, barro, tela o cuerda son sometidos a acciones físicas elementales —cortar, perforar, doblar, tensar, apoyar— a partir de las cuales se construye la forma. Estas operaciones no buscan disimular la construcción, sino hacerla visible: la estructura se muestra tal como ha sido alcanzada, con sus decisiones, riesgos, fallos y reparaciones. La forma final es el resultado del equilibrio y precisión alcanzadas entre voluntad y resistencia de la materia, donde el proceso queda incorporado como parte constitutiva de la obra. Aquello que se quiebra o se desgarra no es ocultado, sino recompuesto mediante grapas, costuras o aplicaciones de pan de oro, haciendo de la reparación un elemento formal y simbólico central y subrayando la exposición del proceso como condición de la pieza.

 

La memoria opera en su trabajo en varios niveles: como memoria personal, ligada a la infancia y a experiencias tempranas con los objetos; como memoria de tradiciones locales y saberes manuales; y como memoria de la historia del arte, especialmente de la tradición barroca, de la que retoma la intensidad formal, la tensión entre equilibrio y exceso, y la dimensión afectiva de la materia. En este sentido, sus obras no buscan estabilizar el pasado, sino reactivarlo desde una posición contemporánea, donde lo heredado se vuelve inestable y productivo.

 

Lejos de una economía de la carencia, su interés se centra en la potencia expresiva de la materialidad: en cómo los materiales, al ser forzados o llevados a situaciones límite, generan formas que oscilan entre lo estructural y lo frágil, entre lo constructivo y lo inminente. Esta exposición del riesgo no es solemne, sino lúdica: hay en su trabajo una relación con el juego, con la experimentación infantil y con la posibilidad de que algo falle, se caiga o se transforme.

 

La pintura ocupa un lugar central como campo de prueba de estas tensiones. No funciona como superficie ilusoria, sino como extensión de la lógica escultórica: un espacio donde se ensayan pesos, apoyos, acumulaciones y equilibrios, trasladando al plano pictórico una relación corporal con la materia.

 

A través de esta combinación de rigor formal y apertura al accidente, Jacobo Castellano ha desarrollado un lenguaje propio en el que memoria, material y gesto se articulan desde una poética de la valentía: una práctica que asume el riesgo como condición productiva y que entiende la obra como un lugar donde el proceso permanece visible, activo y vulnerable.

 

Jacobo Castellano se graduó en Bellas Artes por la Universidad de Granada y ha desarrollado una carrera constante desde principios de los años 2000. Su obra ha sido mostrada en numerosas exposiciones individuales y colectivas en instituciones de referencia en España y el extranjero, entre las que destacan El espacio entre los dedos en Sala Alcalá 31 de Madrid (2024-25), Las calles y los cuerpos en el Museo Patio Herreriano de Valladolid (2022), y el proyecto retrospectivo riflepistolacañón, que itineró desde el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo en Sevilla hasta ARTIUM Centro-Museo Vasco de Arte Contemporáneo en Vitoria-Gasteiz (2018-19). Ha expuesto también en galerías en Oporto y en espacios como el Centro José Guerrero de Granada. Castellano ha sido galardonado con el Premio Cervezas Alhambra al Arte Emergente en 2017, y su obra forma parte de importantes colecciones públicas como ARTIUM (Vitoria-Gasteiz), CAAC (Sevilla), Museo CA2M (Móstoles), CGAC (Santiago de Compostela) y Fundación Botín (Santander), entre otras. Jacobo Castellano vive y trabaja en Madrid.