Sarah Grilo (Buenos Aires, 1917 – Madrid, 2007) es una de las figuras más singulares y relevantes del arte abstracto latinoamericano de posguerra. Su obra se construye sobre el diálogo entre el gesto pictórico y el signo gráfico: trazos gestuales que se entrelazan con fragmentos de texto, letras, números y símbolos tomados del entorno urbano y los medios de comunicación de masas, desplazando la abstracción hacia el territorio de lo cotidiano. Su pintura es, en este sentido, una forma de escritura expandida: un sistema particular de signos que registra la efervescencia sensorial y visual de las ciudades que habitó —Buenos Aires, París, Nueva York, Madrid— construyendo un registro visual en permanente ampliación.
La trayectoria de Grilo atraviesa etapas muy distintas sin perder una coherencia esencial. Formada en el ámbito de la abstracción geométrica y concreta —participó en el Grupo de Artistas Modernos de la Argentina (GAMA) convocado por el crítico Aldo Pellegrini en 1952, junto a Tomás Maldonado, Alfredo Hlito, Lidy Prati y Enio Iommi—, su obra dio un giro radical a partir de su llegada a Nueva York en 1962, donde absorbió de primera mano la eclosión de la vanguardia norteamericana. Desde entonces, su pintura incorporó el grafiti como lenguaje, la ciudad como sistema de signos y la acumulación lírica como estructura compositiva. Las apropiaciones de aquellos años neoyorquinos continuaron definiendo su trabajo a lo largo de las décadas siguientes, sin abandonar nunca una aguda sensibilidad cromática que se manifiesta en el uso de saturaciones, matices y una gestualidad de resonancias tanto íntimas como urbanas.
Su práctica establece diálogos con la abstracción lírica, el expresionismo abstracto y el informalismo europeo, al tiempo que los trasciende mediante una voz propia e inconfundible, en la que la emoción y el rigor, lo autobiográfico y lo colectivo, el signo y el gesto se funden en pinturas de singular intensidad.
Sarah Grilo realizó sus primeros estudios de pintura en Buenos Aires con el pintor Vicente Puig, y posteriormente asistió al seminario de Pierre Francastel en La Sorbona de París. En 1952 participó en el Grupo de Artistas Modernos de la Argentina (GAMA), convocado por el crítico Aldo Pellegrini, cuyas exposiciones en el Museu de Arte Moderna de Río de Janeiro y el Stedelijk Museum de Ámsterdam la situaron en el mapa del arte abstracto internacional. Participó en la Bienal de São Paulo (1953, 1961) y en la Bienal de Venecia (1956). Galardonada con la beca J.S. Guggenheim en 1961, se trasladó a Nueva York, donde desarrolló una de las etapas más decisivas de su carrera. En 1970 se instaló en el sur de España con su familia, alternando entre París y Madrid desde 1980 y estableciéndose definitivamente en la capital española en 1985, donde residió hasta su muerte en 2007. Entre las exposiciones más destacadas de su obra figuran muestras en el Solomon R. Guggenheim Museum (Nueva York, 1964), el Art Institute of Chicago (1959), el San Francisco Museum of Modern Art (1978), el Grand Palais (París, 1988), el MoMA —donde su obra figura en la colección permanente y fue incluida en las exposiciones Making Space: Women Artists and Postwar Abstraction (2017) y Calligraphic Abstraction (2023–2024)— y la Whitechapel Gallery (Londres, 2023). En 2025 presentó Soluciones para pensar en Maisterravalbuena (Madrid). Su obra forma parte de las colecciones del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el MoMA, el Metropolitan Museum of Art, el Stedelijk Museum (Ámsterdam), el Dallas Museum of Art, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, la Colección Nelson Rockefeller, la Colección Estrellita B. Brodsky, la CIFO–Colección Ella Fontanals-Cisneros, la Colección Banco Santander y el Patrimonio Nacional español, entre otras.

