Biografía

Lucio Muñoz es una de las figuras fundamentales del informalismo español y uno de los grandes pintores europeos de la segunda mitad del siglo XX. Su obra se sitúa en la confluencia entre el expresionismo abstracto norteamericano y el informalismo europeo —cuya eclosión absorbió de primera mano en París tras una beca del Gobierno francés en 1956, entrando en contacto con la obra de Dubuffet, Fautrier, Wols y Tàpies— aunque la trasciende mediante un lenguaje profundamente personal, en el que la madera ocupa un lugar central e intransferible.

 

A partir de 1958, la madera deja de ser soporte para convertirse en protagonista: pintada, quemada, tallada, arañada, enmohecida o desgastada, concentra en sí misma la memoria de la naturaleza y el tiempo. Muñoz sometía sus maderas a un proceso de exposición prolongada a la intemperie —el llamado "pudridero"— para despojarlas de toda huella artificial y devolverlas a su estado de materia viva. El resultado de esta práctica son sus "pseudo-pinturas": piezas que combinan pintura y escultura, que desafían las categorías artísticas establecidas y que, en palabras del propio artista, son "más pintura que nunca" precisamente porque la madera ha asumido el protagonismo total de la expresión. Esta dimensión táctil y orgánica, en permanente diálogo con el paisaje y con lo que el propio Muñoz denominaba "paisajismo interior", convierte cada obra en un objeto de singular densidad física y poética.

 

A pesar de no pertenecer al grupo El Paso, su trayectoria corrió de manera paralela a la de aquella generación, confluyendo con ella en sus soluciones pictóricas y en su papel decisivo en la modernización del arte español. Su dimensión como muralista añade a su figura una escala pública y monumental que pocas veces se da en la pintura abstracta: el retablo de la Basílica de Aránzazu (1962), realizado en colaboración con Oteiza y Chillida, y el mural Ciudad inacabada (1998) para el hemiciclo de la Asamblea de Madrid, son dos de los grandes hitos del arte español del siglo XX.

 

Lucio Muñoz estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid (1949–1954), donde coincidió con Antonio López García, los hermanos López Hernández y Amalia Avia, con quien se casaría. En 1956 obtuvo una beca del Gobierno francés que le permitió estudiar en París, experiencia decisiva en su incorporación al informalismo. Representó a España en la Bienal de São Paulo (1959) y en la Bienal de Venecia (1960, 1976), y participó en la Documenta de Kassel (1972). En 1964 obtuvo la Medalla de Oro en la Bienal Internacional de Arte Sacro de Salzburgo, tras la realización del monumental retablo de 620 m² para el ábside de la Basílica de Aránzazu (1962), uno de los proyectos más ambiciosos del arte contemporáneo español. En 1998, pocos meses antes de su muerte, finalizó Ciudad inacabada, el mural para el hemiciclo de la Asamblea de Madrid. Su proyección internacional se consolidó a través de exposiciones en el MoMA (Nueva York, 1960), el Solomon R. Guggenheim Museum (Nueva York, 1960), la Tate Gallery (Londres, 1992), el Musée d'Art Moderne de la Ville de Paris (1988) y el Museo Guggenheim Bilbao (1998). La gran retrospectiva itinerante Lucio Muñoz, 1950–1998 se presentó en la Fundación FOCUS (Sevilla), la Fundación Santander Central Hispano (Madrid) y el Museo San Telmo (San Sebastián) entre 1999 y 2000. Entre sus reconocimientos destacan el Premio Nacional de Artes Plásticas (1983) y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1993). Su obra forma parte de colecciones como las del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el British Museum, la Tate Gallery, el Stedelijk Museum (Ámsterdam), el Kunstmuseum Winterthur, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, el ARTIUM, el Museo Patio Herreriano, la Fundación Juan March, la Colección Banco de España, el Nasjonalgalleriet (Oslo), el Museo Rufino Tamayo (Ciudad de México), el New Orleans Museum of Art, el Patrimonio Nacional español, la Colección Deutsche Bank y los Museos Vaticanos, entre otras.