A Kassen: Exposición individual
La gestación de “Farola”, la sexta exposición del colectivo A Kassen en Maisterra, vino precedida del anuncio del cambio de espacio que la galería realizará al término de esta muestra. El hecho de ser la última exposición en calle Fourquet 6 tras diez años de intensa actividad, nos hizo reflexionar sobre nuestro oficio y en concreto el papel que el espacio físico pudiera tener en su conformación: ¿Qué son y para qué sirven esos pequeños espacios a pie de calle donde se expone arte para su venta?
Las imperfecciones que encontramos en el espacio de una galería: muros repletos de orificios ocultos tras pegotes de aguaplast; o suelos labrados por el ir y venir de cajas, nos indican que estamos ante un espacio irrevocablemente vivo. Las exposiciones entran y salen sin dar tiempo a que este sanee.
La galería, a diferencia del museo que ante una nueva exposición renace prístino en una suerte de amnesia espacial, atesora las huellas de lo acontecido como si fueran cicatrices de un cuerpo batallado por el tiempo. Una galería es un sujeto al que le suceden cosas, más que un contenedor al servicio de ellas.
Será el viaje que recorra el artista junto al galerista el que insufle de subjetividad al espacio. Los anhelos, errores y aciertos de ambos se irán proyectando en sus paredes como trasunto de ambas personalidades. La exposición se convertirá en el lugar de confirmación (y también de confrontación) de una relación que, por la naturaleza de su objeto, el arte, es necesariamente longeva.
El uso de los espacios de las galerías y por tanto su rol en el arte y en la sociedad cambiará radicalmente en la década de 1950 cuando una nueva generación de artistas introduce el objeto ordinario en su práctica. El arte, al prescindir de lenguajes que le otorgarán la condición de Arte, perderá su autonomía para depender formalmente de lo real. La cotidianidad será el nuevo caladero para los artistas y las galerías los espacios idóneos para dar cobijo a esas obras que imbuidas de realidad dejarán de tener apariencia de Arte. El espacio de la galería pasará de ser un simple soporte a convertirse en elemento constitutivo que ratifica que estamos ante una obra. El artista ensancha la definición de arte y la galería se convierte en su garante.
La práctica de A Kassen eminentemente procesal, bebe de la creatividad colegiada impulsada por las vanguardias de postguerra. Sus intervenciones son fruto de la complicidad y de la implicación de diferentes actores que, orquestados por el artista, transforman el proceso en forma. Los objetos son tratados como si fueran enunciados que se pueden redefinir ante una nueva realidad sin contradecir por ello su significado. En obras como “Window to the World”; “Encirclement”; o “Atlas”, A Kassen trata la función y la forma de los objetos como si fueran meramente una opción más entre otras muchas posibles. Su materialidad se encontrará en un permanente estado de tránsito. La imagen del objeto deja de estar fija para abrirse a diferentes sistemas de representación (aleatorio, seriado, analítico, azaroso) que transformarán su aspecto sin alterar su definición previa de objeto.
Un objeto creado para alumbrar los espacios públicos de una ciudad, irrumpe sorpresivamente en el espacio mostrando su materialidad de forma descarnada.
“Farola” es la intervención física y sin ambages de un objeto que atraviesa de arriba abajo el espacio de la galería. La obra conecta la sala de exposición, la parte más pública de la galería, con el almacén, la zona más privada. A Kassen consigue a través de un mínimo gesto subvertir los roles y usos de ambos espacios y de transformarlos en elementos narrativos de la acción: en el almacén es la obra quien ilumina el espacio y no al contrario, sugiriendo al espectador que lo que le rodea puede ser añadido a la experiencia de la exposición.
Coincidiendo con Apertura, la fiesta anual de las galerías, “Farola” ha querido rendir un pequeño homenaje a sus espacios físicos como arquitecturas simbólicas que son y que seguirán siéndolo.

