Sarah Grilo: Exposición individual

9 Septiembre - 20 Noviembre 2021 MAISTERRA
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Sara Grilo. Obras (1967 – 2000) da título a la segunda parte de una exposición que, desde julio y a través de catorce pinturas al óleo y cinco obras sobre papel, recorre seis décadas de la carrera de una de las artistas más singulares y relevantes de la pintura americana de la segunda mitad del S.XX. La exposición toma como punto de partida la década de 1960, momento en que Grilo, figura destacada de la abstracción latinoamericana de los años cincuenta, tras obtener una beca de la fundación Guggenheim, se muda a Nueva York dejando atrás su Buenos Aires natal. Tal decisión, como la misma artista indica en una entrevista en 1963, será clave en la gestación de un impulso pictórico que no le abandonará hasta su muerte en Madrid en el año 2007:

 

“La ciudad me ha transmitido un sentimiento de seguridad que me ha provocado un gran deseo por pintar. Aquí he encontrado todos los elementos para poder realizar mi pintura; continuamente suceden cosas que pueden ser incorporadas al campo de la abstracción… no necesitas más que observar por una ventana o caminar por sus calles con una mirada alerta”

 

Estas palabras revelan la urgencia de la artista bonaerense por introducir lo real en su pintura y la certeza de encontrarse en el lugar y en el momento propicio para dar tal salto pictórico. Nueva York se estrenaba en los años cincuenta como el nuevo centro artístico internacional y sus calles se convertían en el caladero creativo de una generación de artistas llamados a ensanchar los límites del arte. En 1962, el mismo año que Grilo llega a la ciudad, Warhol pintaba su primera serigrafía; Oldenburg exponía sus esculturas blandas; Kusama sorprendía con sus acumulaciones, y Judd desdibujaba la noción de original con la ejecución de objetos que podían rehacerse sin perder su condición de arte.

 

Grilo absorberá las estrategias y recursos técnicos de la nueva vanguardia desde una posición de independencia y libertad creativa. Su condición de artista mujer y de extranjera con poco dominio del idioma, reforzará en ella la idea de traducir y trasladar la realidad al plano pictórico a través de del uso discursivo del lenguaje. Sus lienzos pronto se inundan de palabras, signos e inscripciones que la artista encontrará en anuncios de la revista Life; en titulares de periódicos como el New York Times; o en la escritura anónima que puebla los muros de los edificios. Un amasijo de palabras y números parcialmente fragmentados por veladuras de pintura, formarán en cada lienzo un collage de significados y relaciones inéditas que pondrán en discusión el efecto de verdad del lenguaje publicitario y político de la época, como se evidencia en “America Has Changed” de 1967.

 

Cuando Grilo abandona Nueva York en 1970 para trasladarse a Europa su vocabulario pictórico es de una riqueza extraordinaria. Cada pintura esconde recursos y soluciones que se irán sumando a un universo creativo y vital que no se ajustará a parámetros de estilo, evolutivos o cronológicos. Son obras que nacen de una necesidad despojada de artificio programático, seduciendo al espectador desde su propia condición de pintura. Obras como “Cartel”, 1975; “Soluciones para pensar”, 1982; o “¿Comunican las palabras?”, 2000, relumbran en el instante mismo de la experiencia. 

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