Miguel Ángel Campano: Campano: Pintura y obra sobre papel
"A mí no me interesa lo que llaman el estilo. Hay pintores que se pasan la vida buscando un estilo. Casi siempre, lo que más importa de un artista es la actitud".
Miguel Ángel Campano, 2013
«No me interesa lo que llaman el estilo. Hay pintores que se pasan la vida buscando el estilo. Muchas veces lo que más cuenta en un artista es la actitud.» — Miguel Ángel Campano, en conversación con Nicolás Combarro, 2013
Miguel Ángel Campano (Madrid, 1948–2018) fue uno de los pintores más irreductibles y complejos de su generación. A lo largo de cinco décadas, su carrera transitó territorios radicalmente distintos, desde la investigación geométrica de los setenta hasta la síntesis final donde la pintura alcanza una plenitud formal, pasando por la intertextualidad literaria de las Vocales, el diálogo riguroso con los maestros franceses, la catarsis de la serie negra o los viajes a India que transformaron su relación con el color y la materia.
Mientras buena parte de la pintura moderna consolidó su autoridad mediante la construcción de un lenguaje reconocible, Campano hizo de la transformación su principio de coherencia. Cada vez que una investigación parecía alcanzar su madurez, encontraba también su límite, y la respuesta consistió siempre en abandonarla para comenzar de nuevo, asumiendo el riesgo de dejar atrás un lenguaje ya conquistado, como si la pintura solo pudiera mantenerse viva evitando cualquier forma de repetición.
Lo que une estos territorios dispares es una convicción profunda, sostenida hasta el final, de que la pintura funciona como un acto de pensamiento y de que el lienzo constituye un espacio donde las posibilidades visuales pueden interrogarse en su totalidad. Habitando la multiplicidad de lo que la pintura había sido y de lo que podría ser, Campano permitió que cada investigación abriera nuevas direcciones, y esa libertad radical se convirtió en lo más claramente reconocible de su producción, una voz que mantuvo fuerza, consistencia y unicidad a través de la variación continua.
Michel Foucault describió la función del autor como un «principio de economía en la proliferación del sentido», un nombre que agrupa obras dispares bajo una unidad que neutraliza sus contradicciones. El nombre de Campano invierte esa operación: designa la heterogeneidad misma, reúne las diferencias conservándolas y hace de la proliferación —de registros, de materias, de direcciones— su modo propio de significar.
Podemos imaginar fácilmente una cultura donde el discurso circularía sin necesidad alguna de un autor. Los discursos, cualquiera que fuese su estatuto, su forma o su valor, y cualquiera que fuese el tratamiento que les diéramos, se desplegarían en un anonimato generalizado. Ya no se oirían las repeticiones fatigosas: «¿Quién es el verdadero autor?» «¿Tenemos pruebas de su autenticidad y de su originalidad?» «¿Qué ha revelado de su ser más profundo en su lenguaje?» Se oirían preguntas nuevas: «¿Cuáles son los modos de existencia de este discurso?» «¿De dónde viene, cómo circula, quién lo controla?» «¿Qué emplazamientos se determinan para los sujetos posibles?» «¿Quién puede cumplir estas diversas funciones del sujeto?» Y detrás de todas estas preguntas apenas se oiría otra cosa que el murmullo de la indiferencia: «¿Qué importa quién habla?»
Michel Foucault, ¿Qué es un autor?, 1969
La diversidad de registros que caracteriza su obra emerge así como su principal fortaleza, evidencia de una mente pictórica permanentemente abierta a nuevas posibilidades, ejercida desde la materia, el gesto, la velocidad, la densidad, la superficie y la construcción del espacio. Se ha hablado mucho de sus cambios de registro y de sus referencias; menos frecuente ha sido pensar esos cambios como una ética de la pintura, donde la resistencia a instalarse en un lenguaje ya dominado convierte cada mutación en un método de conocimiento. Su rechazo del estilo fue, ante todo, un gesto de libertad.
Esta exposición reúne trabajos de cuatro décadas, presentando una carrera que avanzó mediante saltos, contradicciones y reverberaciones continuas, y propone recorrer una práctica en la que las obras dialogan entre sí conservando sus diferencias, donde grandes lienzos conviven con trabajos sobre papel, investigaciones seriales con piezas autónomas, y momentos de extrema contención con otros de intensa expansión gestual.
Lo que permanece inalterable es la exigencia con la que Campano afrontó el acto de pintar, entendido como un espacio donde el pensamiento visual puede desplegarse en toda su complejidad, donde la forma genera significado y cada decisión formal constituye un acto de reflexión. Su independencia frente a la lógica del estilo, del mercado y de la consolidación de una identidad reconocible lo convirtió en el más ingobernable de su generación, y su obra, sostenida por la certeza de que la pintura seguía siendo un lugar donde pensar, experimentar y producir sentido, en una de las más libres y rigurosas de su tiempo.
APERTURA MADRID GALLERY WEEKEND 2026
Jueves, 10 de septiembre | 13:30 – 22:00 h
Viernes, 11 de septiembre | 11:00 – 20:00 h
Sábado, 12 de septiembre | 11:00 – 20:00 h
Domingo, 13 de septiembre | 11:00 – 14:00 h

