Exhibition text

¿Qué entiendo yo por lo que encierra el título de mi discurso? La pintura universal, incluyendo aspectos diversos del lenguaje gráfico, responde a una pulsión comunicativa que parte del sí-mismo humano para crear signos no siempre pictóricos. Lo hace con afán de trascender al otro y ser reconocible por una operación donde el fenómeno individual carecería de sentido si quedara internado en el sí-mismo y no accediera a la exterioridad y la comprensión de la otredad.

 

Una pintura, por abstracta que sea, no está terminada sino por su facultad de hacerse externa y ser observada por otra individualidad. En muchos casos son lenguajes bastante herméticos e irracionales salvo para iniciados, que sí conectan con su sentido. Ya en el paleolítico se encuentran vestigios en incisiones o gráficos muy abstractos y cosmogónicos, a veces con un mero carácter ornamental, transfiriendo al soporte en que yacen unas reminiscencias de lenguaje y una relación espacial que exterioriza una pulsión comunicativa. A veces son meros signos o arabescos como en el caso de las rangulis del continente indio-asiático. Son ornamentos, a priori, con algo de cosmogónico y existen en su ámbito códigos de interpretación de forma que se exteriorizan y comunican algo tangible al que los observa, que podría ser reducido, en su límite, al mero regocijo estético y decorativo.

 

Entiendo la práctica pictórica como la capacidad creadora del individuo, que luego cobra un valor subjetivo que se hace externo, en tanto que social y comunicativo. Su función en sí-misma es el conocimiento de ese ser ensimismado en busca de un universal abstracto trascendente, por su exterioridad, a su entorno.

 

Siempre he observado la obra de ciertos pintores célebres a través de sus maternidades, es el caso de Bellini y otros. Para mí tal representación siempre fue una imagen extensa de la pintura: el infante arrebujado en el regazo de su madre dependiendo de ella para vivir, comenzar a expresarse y a conocerse en esa mediación. Ahora me auto-represento yo en una situación equivalente y por eso hablo de La pintura madre y la relación que los pintores establecemos con esa Madre sublime que puede tener matices de Absoluto Universal –concepto biológicamente cargado de un peso significativo en el lenguaje y la comunicación, que psicológicamente crea una dependencia edípica patente.

 

Crecer es pintar. Por ese fenómeno real y práctico podemos acceder al mundo de lo universal en que rompemos o debemos aproximarnos a la independencia y a una relación personal con el mundo, a los fenómenos que se operan en él y que dan acceso a un crecimiento vertical, personal-espiritual e inmanente. El concepto es absoluto en su realidad y sus categorías lógicas y reales. La pintura es a la vez madre que genera y regenera nuestra vida e hija a través de su práctica. Por eso defino a los pintores como una fraternidad anárquica y precaria, hijos todos de esta Pintura Madre.

 

Un día no lejano crearé una página web en donde dar nuestras propias noticias y publicitar aquello que rigurosamente crea válido tanto a nivel crítico como por la aparición de imágenes. Textos de pintores y teorías pictóricas rigurosas, claras y elocuentes, además de noticias sobre filosofía y discursos especulativos más o menos formales y polémicos. Reivindico con ello la manualidad propia del hacer pictórico y el conceptualismo que le es inherente contra el hacer conceptual tan en boga en la época actual. Mi actitud debe ser clarificadora y rigurosa, como todo anhelo de aprendizaje dialógico.

 

La mano y la pintura. La mano es fundamental en pintura. Nuestra conciencia al obrar, en su acción, está secular y neurológicamente comunicada con ella y con todo el organismo del sujeto en acción. Todos nuestros órganos confluyen en esa mano o manos que son las encargadas de generar un fenómeno, a priori subjetivo e interno, hacia algo externo. Así, la pintura asciende por vía de un lenguaje a otro que puede operar hacia el exterior y comunicar lo interior y subjetivo del acto en sí-mismo hacia otro individuo que observe, y a su vez interprete, nuestras emociones personales. La pintura es básicamente un lenguaje que no adquiere realidad hasta ser observado, interpretado e interiorizado por otro, de ahí su acción divulgadora y social en sentido estricto. La pintura es madre del conocimiento universal y absoluto, siempre que sea difundida para conectar con diversos observadores, iniciados o no, ya que todo lenguaje puede estimular diversos estímulos comunicativos.

 

Toda una larga serie de artistas pintores se han afanado en desentrañar su actividad por medio de la palabra o la escritura ya sea en entrevistas, correspondencia o de un modo didáctico. Ya en el Renacimiento, Leonardo escribe un minucioso tratado sobre la pintura. También escribieron sobre la pintura Cézanne y algunos constructivistas, al igual que Mondrian, adeptos a la Teosofía. Malevich no ceja con su teoría del suprematismo, Picasso con sus sentencias verbales y su correspondencia a veces con tintes cínicos, Salvador Dalí con sus delirantes e histriónicas aportaciones profusas y su intervención del método paranoico-crítico en conformidad con el paradigmático Doctor Freud. Otto Rank, otro psicoanalista, escribió el El arte y el artista, edición que se presenta a los lectores como una lectura introspectiva del quehacer creador. Así también Kandinsky y muchos representantes de la Bauhaus, arquitectos como Le Corbusier y otros muchos casos de creadores de diferentes disciplinas como Andy Warhol, Rothko, o John Cage.

 

Los minimalistas y postminimalistas, los francmasones, los revolucionarios más recalcitrantes, algunos fascistas y muchos narradores, cineastas, coreógrafos y hasta insignificantes “petit-maîtres”. Gauguin, los simbolistas, hasta artistas como Duchamp o poetas que dejaron escrito un testimonio valioso sobre el que no deseo alargarme aquí. Otra ocasión y tiempo tendré para ampliar estos asuntos en mis memorias. Poco a poco lo que puedo aclarar es el concepto y definición de La Pintura Madre y mi lucha personal, in actu exercito, para que arda la llamita temblorosa y tenue que yo tomé como símbolo y alegoría de mi lucha por una arte en vías de extinción, y que éticamente debo tomarme el esfuerzo y voluntad de realizar.

 

La Pintura e Historia del Arte Universal comprenden numerosos y diversos ejemplos de su desarrollo materialista. Su observación y síntesis cognoscitiva puede proporcionarnos pretextos y puntos de arranque para nuestro trabajo personal. Un buen número de artistas del siglo XX así lo hemos hecho en diversas circunstancias. Es un hecho potente y analizable, en las diferentes culturas del mundo, que la visión observadora tiende a impregnarse de asuntos e imágenes ya existentes y ahí está también mi concepto y definición de la pintura madre, pues es una madre incestuosa y devoradora de sus propios hijos.

 

Personalmente, lo asumo así, nada es puro y original en Arte. Cierto es que las vanguardias indagaron en ello pero en mi opinión siempre había precedentes o reminiscencias de objetos y fenómenos remotos como nos transmiten las ciencias del conocimiento y de la estética más rigurosas, el materialismo histórico y cierta arqueología y antropología del conocimiento. Libros eruditos al respecto abundan. Puede que otras modalidades conceptuales del arte actual hayan intentado superar tales opiniones escépticas por mi parte, pero todo intento creativo más o menos novedoso y original queda siempre incluido en la España de su tiempo.

 

Ya no sé como proseguir en extensión este discurso algo pedante y pretencioso.

 

Miguel Ángel Campano “poca plata”

Madrid, Marzo 2011

Installation Views