Jacobo Castellano: Exposición individual
chorda Achillises también el nombre que el protagonista de la novela Los errantes de Olga Tokarczuk da al tendón de Aquiles en un momento clave del texto: — Desde ahora se llama chorda Achillis, donde nombrar (al igual que dibujar) es crear y donde ver significa saber; dibujar nunca equivale a reproducir: para ver hay que saber mirar, hay que saber qué se mira. Esta exposición está compuesta por un conjunto de obras que presentan coincidencias y cruces filosóficos con Los errantes respecto a la idea del proceso creativo (poiesis) en relación con la muerte y la impermanencia, estableciendo una correspondencia entre creación y espiritualidad.
En ambos casos, la herida, la ausencia o el vacío es el receptáculo metafórico de la luz (lo que permite ver), físicamente presente en las esculturas de Castellano en grietas y cortes, frecuentemente resaltados con pan de oro en zonas donde los materiales han sido llevados hasta el límite de la ruptura, involucrando el azar, el riesgo y el accidente como pilares conceptuales, a la vez que se otorga a lo vulnerable una expresividad y fuerza protagónicas.
En el proceso lúdico de experimentar, arriesgar, romper y reconstruir, subyace la intención de sanar; el punto en el que el artista cose las telas o une las partes de la madera con grapas no solo es un momento crucial en la producción de las obras, sino que los elementos constructivos adquieren una interdependencia empática, precisa y necesaria.
A partir de la historia y la carga simbólica de los materiales utilizados –tales como madera de derribo, pan de oro, hierro o textiles sin tratar–, las obras de Castellano se articulan en un equilibrio entre ligereza y brutalidad, contemporaneidad y arraigo, funcionando como medio de actualización de la memoria personal y colectiva, a la vez que suscitan instantes de reconocimiento que nos vinculan como colectividad, con el mundo, la espiritualidad y lo desconocido.

