Miguel Ángel Campano: Campano. Pintura 1980-1990 | IVAM, Valencia
La exposición de Miguel Ángel Campano que se presenta en el Centre del Carme consta de dos partes bien definidas. Una que recorre la obra del pintor desde 1980 hasta 1989 y la segunda, concebida especificamente para esta ocasión, que desarrolla un trabajo en torno al cuadro «Ruth y Booz» de Poussin.
«El primer bloque, de carácter retrospectivo, comienza con la primera serie de Las Vocales o "Voyelles" como el pintor gustó en llamarla. Ciertamente, cuando Miguel Ángel Campano pintó esta serie ya había desarrollado una intensa actividad en la década anterior. De ella datan cuadros memorables como El puente, Macao, El Zurdo, o, todavía antes, el trabajo de corte constructivista que pudo verse en su exposición La Ventana (Madrid, 1974) de la Galería lolas-Velasco. La serie de Las Vocales constituye un buen punto de arranque porque expresa una parte de la síntesis que bajo diferentes formas y modulaciones ha definido el nervio íntimo de su obra posterior. Así, de las dos series de Las Vocales que aquí se presentan, realizadas en 1980 y 1983 respectivamente, desde su mismo título - Voyelles - aparece un primer aspecto de esa síntesis: los modos y maneras del expresionismo abstracto americano con el que Miguel Ángel se había familiarizado en la época anterior, y la gran tradición cultural francesa emblematizada
en una de sus figuras más lúcidas, rebeldes y radicales, Arthur Rimbaud.
Mistral (1981-82), El Diluvio (1981-82) y La Bacanal (1983) se inscriben todavía en este contexto. Pero en El Diluvio y La Bacanal hay un punto de inflexión que va a suponer un enriquecimiento de la síntesis que Miguel Ángel ha ido progresivamente elaborando a la que ya aludí. Me refiero principalmente a dos cosas: por un lado, la aparición de una voluntad narrativa en el cuadro y, por tanto, la aparición en el límite de elementos figurativos; por otro, el giro hacia la tradición pictórica francesa. En El Diluvio, cuadro tremendo y violento, uno de los trazos compone la serpiente -metáfora del mal- que aparece en el cuadro de Poussin (L'hiver) que utiliza como pretexto. En La Bacanal, a su vez, no es difícil adivinar las formas de los cuerpos de lo que en principio refiere a los cuerpos desnudos de las bañistas de Cézanne. La naturaleza abismándose, o el abismo de los cuerpos en mezcla desordenada, la adscripción de Campano a la cultura del mal sigue siendo patente.
Poussin y Cézanne van a constituir dos momentos fundamentales de la reflexión del pintor. Ahora bien, mientras que el trabajo sobre Poussin quedará pospuesto en el tiempo y no se recogerá hasta la serie de La Grappa en torno al cuadro El Otoño de los cuatro que pintara Poussin sobre las estaciones, la reflexión sobre Cézanne ocupará su inmediata actividad. En ese momento se inscriben las Montañas, La Flores y los dos cuadros de El Músico y La Modelo. El estudio de Cézanne llevó a Campano, literalmente, por la ruta del pintor de Aix e introdujo dos elementos nuevos que van a permancer constantes y que reaparecerán de forma muy diversa en series posteriores: el gusto por el paisaje y por los bodegones o "Natures Mortes", como él prefiere llamarlos a la manera francesa. En cuanto al paisaje, Campano acude al monte Sainte-Victoire y a otros lugares de la Provenza, pinta por primera vez "au plein air" y desarrolla un variadísimo trabajo con pequeños lienzos y acuarelas. Después, en el estudio, desarrollará una suerte de síntesis progresiva de ese análisis minucioso realizado "in situ". Ahora bien, hay que señalar que el trabajo sobre Cézanne instaura progresivamente un punto de vista radicalmente diferente al anterior: los lienzos ya no son la expresión pasional de un sujeto, sino el resultado de una suerte de arqueología de nuestra subjetividad, cuanto menos de nuestra "subjetividad pictural". Sin duda los paisajes están respaldados por un trabajo "d'aprés nature" que supone una cierta voluntad de fidelidad temática, pero no es menos cierta que este trabajo está conscientemente mediado por un lenguaje -Cézanne- preexistente que se pretende analizar. A que su análisis de Cézanne no aparece en el modo de la cita, sino — permítaseme la analogía — como reflexiones sobre "actos de habla" nuevos a partir de un lenguaje dado.
Este giro arqueológico tendrá su primera expresión maestra en Los Naufragios.
El otro gran bloque de la exposición lo constituye la obra que Campano ha pintado para esta ocasión. Todos los cuadros están pensados y pintados en torno al cuadro de Poussin Ruth y Booz (El Verano) en el que Campano ya se aventuró pintando algún pequeño formato en los años 1986-87. Los 366 dibujos de tinta, lápiz y gouache sobre papel pueden dar una idea de la meticulosidad metódica con la que Campano lleva a cabo su tarea analítica».
Del texto de N. Sánchez Durá para el catálogo de la exposición

